lunes, 31 de octubre de 2011

Dignidad para quienes no pueden hablar

Disponible en: http://www.reside.org.sv/noticias/archivo/img/492330e8baa32131i2.jpg
Las luchas del pasado han dejado huellas que viven y están latentes en el presente. El caso Jesuitas está vivo desde 1989. Existen muchos estudios sobre la muerte de los mártires de la UCA que han llevado a esclarecer el tema. La universidad se ha visto afectada por este acontecimiento y, por supuesto, tiene que dar su palabra al respecto. Hace unos días se llevó a cabo una conferencia en las instalaciones de la entidad educativa, con el objetivo de brindar información, su punto de vista, ante la situación. Valía la pena hablar al respecto, porque en el país se estaba llevando a cabo un proceso judicial en contra de los veinte implicados, militares salvadoreños, para ya, de una vez por todas, dejar claro el asunto. El caso sigue pendiente.

Los panelistas que desarrollaron la conferencia fueron Benjamín Cuellar, director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA (IDHUCA); el Padre Andreu Oliva, rector actual de la UCA; y el Padre José María Tojeira, exrector de la universidad. El primero en dar su aporte fue el Padre Tojeira, diciendo, de ante mano, que expresaría lo fundamental de este caso de inhumanidad, y, posteriormente, le siguieron los otros dos expositores. Explicaron diversos puntos y aclararon dudas.  

Tras el asesinato de los Jesuitas y sus colaboradoras, Elba y Celina, la posición que adoptó la UCA fue como promotor de tres aspectos muy importantes a tomarse en cuenta, para eliminar desigualdades y promover el perdón y nacimiento de nuevas entidades y propuestas:

·         Verdad: uno de los derechos básicos que tenían las víctimas y la propia sociedad salvadoreña. Sin verdad era imposible la justicia y la reconciliación. Sin verdad una sociedad no puede desarrollarse libre, ni democráticamente. Incluso, la verdad era el único camino, para los victimarios, de regeneración.
·         Justicia: no se deseaba una justicia como castigo a los victimarios, más bien, como reconocimiento de la dignidad de las víctimas formal y oficialmente. Se pensaba que la única forma de reconstruir el tejido social salvadoreño, después de la guerra, era rompiendo la impunidad que había reinado durante el tiempo que duró el conflicto civil. La búsqueda de verdad y justicia difícilmente se puede hacer si el verdugo sigue haciendo de las suyas. También se estimaba conveniente brindarle a los victimarios la oportunidad de pedir perdón, al mismo tiempo en que se pensaba en penas no carcelarias.
·         Perdón: existía el convencimiento, que tras una guerra civil en la que la locura homicida había dominado muchas mentes, se necesitaba establecer con urgencia mecanismos de reconciliación.

La UCA, además, plantea que El Salvador debe resolver los problemas surgidos con el conflicto armado, referentes a actos inhumanos. El caso Jesuitas era la oportunidad para ver qué tan eficiente era el sistema judicial del país, incluso, era oportuno para generar un  cambio, para darle un alto a la impunidad en la región, generando atención en el caso de los mártires y presionando a las diferentes instancias encargadas al respecto.

La postura de la UCA nos hace reflexionar sobre la cantidad de casos impunes que existen en el país, porque el de los mártires no es el único que ha quedado sin resolverse, ya que existen otros que aún no se les presta atención y siguen vigentes, como este caso, y otros, simplemente, han sido sepultados en el pasado.

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